Hace unos días un americano que he conocido por motivos de trabajo me preguntaba si yo conocía alguna fiesta de Halloween a la que llevar a sus hijos ya que está desplazado trabajando en Granada y no se imagina pasar un día de Halloween sin que los pequeños vayan de puerta en puerta pidiendo golosinas al grito de trick or treat.

Yo por mi parte le expliqué que sí, que efectivamente existen comunidades de vecinos donde la mayoría de los niños son pequeños en las que sí se organiza algo parecido pero que lo normal no es ver a grupos de niños por las calles de las ciudades disfrazados al estilo americano. También le dije que ya hay multitud de fiestas de Halloween en muchos sitios donde los padres llevan a sus hijos disfrazados para pasar la tarde.

Lo que más le sorprendió sin embargo fue mi propia visión de ese día que para mí es el día de los difuntos. Inmediatamente él me dijo «sí, sí la conozco, es el día de los muertos» pero le tuve que explicar que no, que no es el tradicional Día de los muertos mexicano dónde se rememora a los que se han ido con aire festivo. Le expliqué que la tradición española es bastante más adusta, bastante más íntima y que se centra alrededor de la visita a las tumbas de los familiares fallecidos; le aclare también que no es un día especialmente festivo sino que es un día de recogimiento y que en este ritual también participan los pequeños de la casa porque consideramos que es bueno que sean conscientes de todo lo que abarca la vida de lo bueno y de lo malo de lo alegre y de lo triste.

Le aclare que entendemos perfectamente que para disfrutar del verano hay que pasar un invierno o que para disfrutar de la comida hay que tener hambre y que por tanto para disfrutar de la vida hay que ser conscientes de la muerte.

Después de asentir se volvió a su puesto de trabajo y simplemente empezó a buscar sitios en Granada a los que llevar a sus hijos disfrazados a una fiesta de Halloween.

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