Granada tiene incontables tesoros escondidos y es imposible conocerlos todos.

Da mucha alegría cuando vas andando por un recodo de un callejonzuelo del Albaicín y te encuentras, de golpe, con la casa de la última reina mora de Granada: el Palacio de Dar al-Horra.

Si estuviese en otra ciudad estaría considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura de la época bla, bla, bla y todos sus habitantes estarían orgullosos de su palacete… pero es que estamos en Granada y competir contra la Alhambra o la Catedral es imposible.

Ojalá las instituciones se pongan las pilas y elaboren un proyecto para darle vida a todo el patrimonio granadino para crear una experiencia divertida y cultural que atraiga a los turistas, que no sólo de Alhambra vive Granada.

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