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martes, 23 julio 2024

La izquierda racista ensucia el fútbol

EspañaLa izquierda racista ensucia el fútbol

El reciente éxito de jugadores como Lamine Yamal y Nico Williams en la Eurocopa ha sido aprovechado por la izquierda para resaltar sus orígenes étnicos y sociales. Este enfoque, sin embargo, es una manipulación que desvirtúa lo realmente importante: el esfuerzo y la competencia. Lamine Yamal y Nico Williams no están brillando en la Eurocopa por el color de su piel, sino por su tenacidad, talento y dedicación. La izquierda, en su afán de promover una igualdad superficial, se olvida de que el verdadero motor del progreso es la meritocracia, no las políticas igualitarias que solo buscan nivelar hacia abajo.

El esfuerzo, no la igualación por abajo

La izquierda insiste en destacar que Lamine y Nico provienen de barrios humildes y son “personas racializadas”. Lo hacen para adjudicarse una medalla que no les corresponde. Es cierto que estos jugadores tienen orígenes humildes y pertenecen a minorías étnicas, pero lo que realmente los ha llevado a la cima es su arduo trabajo y dedicación, imponerse a otros chavales que también intentaron ser estrellas de fútbol y les dejaron en la cuneta, no su color de piel. Este tipo de narrativa solo sirve para menospreciar sus logros y desviar la atención de lo que realmente importa: su mérito personal.

La izquierda ha despreciado sistemáticamente la importancia del esfuerzo y la competencia. Donde hay esfuerzo, ellos ven explotación; donde hay competición, ven trampas; y donde hay victoria, ven reproducción social de las élites. Esta visión miope y destructiva es lo que ha llevado a la ruina al sistema educativo y, por ende, al ascensor social que permitía a muchos jóvenes humildes superar su condición.

La hipocresía de la igualdad de la izquierda

Es evidente que los políticos de izquierda prefieren fijarse en el color de piel y la procedencia familiar de estos futbolistas porque temen ser comparados con ellos y salir mal parados. ¿Qué puede decir Irene Montero de cómo Lamal, a base de esfuerzo y dedicación, dejó fuera de la cantera barcelonista a cientos de chavales que querían su misma plaza en La Masía? En lugar de celebrar y promover los méritos de Lamine y Nico, optan por utilizar sus historias para justificar políticas que, en realidad, perjudican a los más desfavorecidos al impedirles competir en igualdad de condiciones. ¿Qué méritos reunía aquella candidata que pedía el voto porque ella era bollera? ¿Era ella mejor para el puesto que un chaval de un barrio humilde con un grado en administración de empresas? Según la izquierda, sí.

La izquierda parece ignorar que otros jugadores destacados, como Jesús Navas o Fabián Ruiz, también provienen de orígenes humildes en el sevillano pueblo de Los Palacios y han tenido un papel crucial en la Eurocopa. No obstante, no se hace hincapié en sus historias porque no encajan en la narrativa racial y de clase que buscan promover. La realidad es que el mérito y el esfuerzo son universales y no dependen del color de la piel o de la clase social.

El fracaso de las políticas igualitarias

El sistema educativo español, bajo el yugo de las políticas igualitarias de la izquierda, ha paralizado el ascensor social. En lugar de fomentar el esfuerzo y la excelencia, se ha centrado en igualar hacia abajo, promoviendo la mediocridad y la falta de competencia. Esta estrategia solo sirve para perpetuar la dependencia del Estado y evitar que las personas alcancen su máximo potencial. A los niños se les ha desincentivado para competir diciéndoles que lo importante es participar y que todos merecen un premio por su esfuerzo… aunque hayan quedado últimos por no haberse ni molestado en competir.

La justicia social de la izquierda consiste en castigar al que triunfa, machacándole con impuestos y regulaciones, para dárselo a los gandules que sólo sirven para sacar pancartas y corear los lemas que sus líderes les indican para intentar reproducir esquemas socialistas que han fracasado en todos los países donde se han implantado. Hacer iguales a todos llevó a Rusia, China, Cuba o Venezuela a extremos de pobreza difícilmente imaginables y eso no tiene nada que ver con la raza sino con unas sociedades que invisibilizaron el mérito y el esfuerzo.

Lamine Yamal y Nico Williams son ejemplos vivos de cómo el esfuerzo y la dedicación pueden superar cualquier barrera social o racial. Sus éxitos no son fruto de políticas igualitarias, sino de un sistema que, a pesar de sus fallos, todavía permite que los talentosos y dedicados sobresalgan. Sin embargo, la izquierda sigue abogando por un sistema que solo iguala a todos en la mediocridad, en lugar de permitir que los mejores se destaquen.

La verdadera justicia social no se alcanza igualando hacia abajo, sino promoviendo un sistema meritocrático donde el esfuerzo y la competencia sean recompensados y relegue a los inútiles, a los vagos, a los holgazanes. Esto no solo beneficia a los individuos, sino a la sociedad en su conjunto, creando un entorno donde todos tienen la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.

Lamine Yamal y Nico Williams son la prueba de que el esfuerzo y no el color de la piel, es lo que hace prosperar a los individuos y a las naciones. Sus historias deben servir de inspiración para rechazar las políticas igualitarias de la izquierda y abogar por un sistema que valore el mérito y la dedicación por encima de todo. Solo así podremos construir una sociedad verdaderamente justa y próspera, donde cada individuo tenga la oportunidad de sobresalir y alcanzar sus sueños.

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