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sábado, 25 mayo 2024

Kiss, vendido por 300 millones

Ocio y culturaKiss, vendido por 300 millones

La icónica banda de rock Kiss ha marcado un hito trascendental en la industria musical al vender su catálogo musical, propiedad intelectual y nombre por una suma aproximada de 300 millones de euros a Pophouse Entertainment Group, una compañía con base en Suecia. Este movimiento estratégico no solo demuestra la valoración monumental de la marca y el legado musical de Kiss, sino que también refleja una tendencia creciente en el ámbito de los derechos musicales y la gestión de legados artísticos.

La asociación previa entre Kiss y Pophouse no es un detalle menor, señalando una relación de confianza y respeto mutuo que ha culminado en esta venta significativa. Gene Simmons, co-fundador de la banda, rechaza la palabra “adquisición” para describir este acuerdo, destacando el carácter colaborativo de esta relación. Esto es relevante, ya que subraya la importancia de la alineación de valores y visiones entre los artistas y las entidades que gestionan su legado.

La decisión de vender no se trata meramente de un asunto financiero, sino de una estrategia pensada para introducir a Kiss a las nuevas generaciones. La creación de avatares digitalizados de los miembros de la banda para su uso en futuras películas, documentales o experiencias inmersivas es un claro indicativo del potencial que Kiss y Pophouse ven en el uso de tecnologías emergentes para revitalizar y perpetuar el legado de la banda.

La visión de futuro que Kiss y Pophouse comparten apunta hacia una era digital en la que la música comercial se experimentará de manera radicalmente diferente. El uso de la realidad virtual y la inteligencia artificial promete transformar no solo cómo interactuamos con la música, sino cómo la vivimos. Podemos especular que el futuro digital de la música comercial se orientará hacia experiencias más inmersivas e interactivas, donde los conciertos virtuales y los documentales interactivos permitan a los fans no solo observar sino participar activamente en la narrativa musical.

La inteligencia artificial, por su parte, podría permitir formas novedosas de creación musical, desde la composición hasta la interpretación, ofreciendo a los artistas herramientas para explorar nuevas fronteras sonoras. La posibilidad de generar música que se adapte en tiempo real a las reacciones emocionales de los oyentes o crear experiencias personalizadas basadas en los gustos individuales son solo algunas de las aplicaciones potenciales.

Asimismo, la realidad virtual podría abrir las puertas a conciertos en escenarios virtualmente imposibles, permitiendo a los fans experimentar la música en entornos diseñados específicamente para potenciar la experiencia auditiva. Imaginemos por un momento estar en el centro de una sinfonía cósmica o dentro del paisaje sonoro de una obra maestra del rock, completamente inmersos en la música.

El legado de Kiss, ahora en manos de Pophouse, tiene el potencial de ser pionero en estas nuevas dimensiones de la experiencia musical. La decisión de Kiss de asociarse con una entidad que comparte su visión de futuro demuestra una comprensión profunda de la evolución de la música en la era digital y un compromiso con la innovación.

Pese a que todo parece indicar que ese va a ser el camino que va a seguir la música comercial, a mí me gusta pensar que va a seguir existiendo un escenario underground en el que los músicos de carne y hueso interactúan con el público en pequeños escenarios y gana valor la autenticidad de la interpretación y de las creaciones, de las canciones que se tocan delante de unos espectadores que han pagado una entrada y se han tomado la molestia de salir de su casa para ir a la sala.

Las multinacionales de la música, lógicamente, estarán más interesadas en crear avatares fácilmente reproducibles que podrán vender a cientos de millones de espectadores y explotar las marcas conocidas, como es Kiss. No me extrañaría que ya mismo se empezasen a vender conciertos en realidad virtual ejecutados por avatares en 3D frente a los que el usuario podrá estar en primera línea, con sus gafas de realidad virtual, mientras está plácidamente sentado en el sillón de su casa.

Aunque yo sueño con que todo este escenario hipertecnológico que convierte a la música en una parte en una fracción íntima del ínfima del producto fracase estrepitosamente, me temo que los tiros van a ir por ahí, aunque a la vez seguirán existiendo las pequeñas salas de conciertos donde las bandas podrán su darse su repertorio frente a fans entregados y bares dónde los cantautores podrán subirse con su guitarra o su piano a cantar sus propias composiciones y se podrá seguir disfrutando de LA MÚSICA.

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