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sábado, 25 mayo 2024

Los móviles también fracasan

Ciencia y tecnologíaLos móviles también fracasan

Las innovaciones en tecnología móvil son un tema fascinante que constantemente busca redefinir la interacción entre el usuario y sus dispositivos y los medios de comunicación tiene mucha audiencia ansiosa de conocer las últimas novedades y las maravillosas prestaciones que ofrecen los teléfonos móviles. Sin embargo, no todas las innovaciones logran convertirse en un éxito comercial.

Hay que entender que no toda la grandes ideas de los fabricantes acaban siendo éxitos comerciales y muchas de ellas fracasan miserablemente. No quiero decir con esto que los fabricantes deba limitar en ingenio de sus inventores ni que la industria debe limitarse a producir solo aquello que hasta ahora le esté siendo rentable porque entonces desaparecería la innovación. Lo que te pongo aquí son unos cuántos ejemplos de características que fracasaron pero la prueba de que se hicieron otros muchos avances que sí ha triunfado es que tres de cuatro de cada cuatro lectores de este artículo van a usar un teléfono móvil para leerlo y posiblemente tú seas uno de ellos.

Módulos: la modularidad que no encajó

El concepto de teléfonos modulares, donde los usuarios podrían intercambiar componentes como cámaras, baterías o incluso altavoces, fue explorado por Google con su Project Ara y por LG con su G5. La idea prometía una personalización sin precedentes y una mayor longevidad del dispositivo. No obstante, la complejidad y los costes asociados a desarrollar un ecosistema modular coherente, junto con la resistencia de los consumidores a adoptar una plataforma tan diferente, resultaron en que estos proyectos no lograran despegar comercialmente. Es la típica idea que cuando se la planteas a cualquier persona te dice que suena interesante y que estaría dispuesto a probarla pero cuando llegan a la tienda y ven el aparato, que además siempre es un poquito más caro que los aparatos estándar, nadie lo compra por si acaso, vayamos a tonterías.

Cámaras 3D: el sueño tridimensional que no despegó

La década de 2010 vio un pico de interés en la tecnología 3D, impulsado por el éxito cinematográfico de películas como Avatar. Todavía me acuerdo de aquellos anuncios que decían que si no tenías un televisor con capacidades 3D te ibas a quedar fuera del nuevo mundo tridimensional que se nos venía encima. Este entusiasmo se tradujo en la experimentación con móviles que podían capturar y mostrar imágenes tridimensionales. Un ejemplo destacado fue el LG Optimus 3D, que ofrecía una cámara dual para grabar contenido en 3D y una pantalla capaz de mostrarlo sin necesidad de gafas especiales. A pesar de la innovación, el contenido 3D requería de creadores y consumidores específicos, un nicho que resultó ser demasiado pequeño, llevando a este tipo de dispositivos a desaparecer del mercado.

Proyectores integrados: un cine en tu bolsillo que nunca fue

El concepto de convertir tu smartphone en un proyector portátil parecía prometedor, especialmente para aquellos que disfrutan compartiendo contenidos multimedia con amigos o en presentaciones improvisadas. El Samsung Galaxy Beam es el ejemplo más notable, con un proyector incorporado capaz de emitir una imagen de hasta 50 pulgadas. Sin embargo, problemas como el bajo brillo y la limitada resolución dejaron mucho que desear. La visión de un cine portátil no alcanzó suficiente tracción entre los consumidores, lo que llevó a que esta tecnología quedara relegada a un nicho muy específico.

De hecho, tuve una vez u en mis manos y en ningún momento pude superar la sensación de proyector de los chinos que transmitía. No tenía potencia ni para iluminar la pantalla ni para hacerse escuchar. Me imagino que como proyector individual para ponerse una película en un folio encima de la mesa o en el respaldo del sillón de delante de un avión con los auriculares serviría pero en cuanto debían verlo dos usuarios el producto era una birria sin contemplaciones.

Amazon Fire Phone: cuatro cámaras frontales y una visión desenfocada

El Amazon Fire Phone es un caso emblemático de cómo una gran compañía puede errar en su estrategia de mercado o, como el título de aquella teleserie qué triunfo en los años 90, Los ricos también lloran. Equipado con cuatro cámaras frontales, este dispositivo fue diseñado para rastrear el movimiento de la cabeza del usuario y ofrecer experiencias inmersivas en 3D sin necesidad de hardware adicional. Sin embargo, su enfoque excesivo en la integración con los servicios de Amazon y una recepción fría por parte de los consumidores llevó a que el Fire Phone se convirtiera en uno de los fracasos más notorios de la industria.

Sensor de pulso cardíaco: una función superada por la tecnología wearable

Integrar un sensor de pulso cardíaco en un smartphone, como lo hizo Samsung con su Galaxy S5, parecía una buena idea en teoría, especialmente antes de que los wearables se popularizaran. Aunque esta característica podía atraer a los entusiastas del fitness, los avances en dispositivos wearables, que ofrecían mediciones más precisas y constantes, hicieron que la función en los smartphones quedara obsoleta.

Pero es que además funcionaba fatal. No es difícil entender quiero un teléfono no es el mejor aparato para recibir señales del cuerpo humano. Aunque todos pensemos en el que el teléfono se va a utilizar sujetándolo con la mano, en realidad solo lo sostenemos así entre un rato y varias horas al día pero las veinte horas restantes el teléfono está en el bolsillo, encima de la mesa o en el sofá y desde ahí poca frecuencia cardíaca puede medir.

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