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jueves, 25 abril 2024

Longaniza e islamofobia

EspañaLonganiza e islamofobia

Los nacionalismos periféricos están resultando ser un circo de lo más entretenido. Ante la imposibilidad de llegar a sus objetivos máximos, todo aquello de la independencia y la Europa de los Pueblos, ahora se dedican a atacarse los unos a los otros para ver quién es más independentista de pacotilla y quien está más ofendido por la opresión españolista ultracatólica anticatalana.

La pista del circo nacionalista en esta ocasión se ha trasladado al municipio catalán de Ripoll donde la alcaldesa, del partido Alianza Catalana considerado de extrema derecha independentista, quiso recuperar una tradición del municipio para la verbena de San Juan que consistía en repartir a los asistentes pan, longaniza y chocolate. No se trata más que de una de esas supuestas tradiciones que los concejales de cultura se esfuerzan en inventar y que posiblemente fue practicado alguna vez por alguna parte de la población pero que ahora se reivindica como parte de la esencia atemporal de la nación catalana, como si juntarse a comer productos de la tierra fuera algo que justificase la superioridad del pueblo catalán sobre el resto de los bárbaros españoles.

Pero en el circo no pueden faltar los payasos y en esta ocasión el papel les ha correspondido a los concejales de la CUP, los mismos que años atrás se opusieron a la condena de la mutilación genital femenina, de la ablación del clítoris que practican los musulmanes, por aquello de que son sus costumbres y hay que respetarlas, ya se sabe. Esta vez han salido a manifestarse contra la ocurrencia de la alcaldesa ya que consideran que repartir longaniza, un producto del cerdo, es una ofensa al sector musulmán de la población de Ripoll.

Para que no falte ningún elemento típico de las polémicas progres se ha introducido esta vez la palabra islamofobia, porque ya se sabe que los enemigos del pueblo catalán son todos racistas, islamófobos, fascistas y seguramente también homófobos, transfobos y no sé cuántas cosas más, pero sobre todo, españoles.

Por supuesto, todo esto que no es más que una pelea entre paletos, ha saltado al ámbito nacional gracias a las redes sociales y el público del circo es ahora mucho más grande y todo el mundo está pendiente de si la alcaldesa acabará retirando los alimentos porcinos de las fiestas populares, como le exige la izquierda ultranacionalista, o si finalmente se decantará por la españolísima tradición de comer productos del cerdo en las fiestas del pueblo.

Mientras desde el resto del país miramos divertidos como se desarrolla esta batalla de tan alto nivel cultural, este enfrentamiento abre una nueva grieta en el movimiento independentista y posiblemente el cerdo pase a ser considerado fascista o nazi directamente y así todo buen izquierdista e independentista deberá eliminar de su dieta los productos derivados del cerdo y dar la turra en las redes sociales a todos los que se coman algún filete, una morcilla, un bocata de jamón o unas costillas a la parrilla.

Luego, cuando salen los resultados en las urnas, se preguntan porque la gente no quiere ser izquierdista e independentista.

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