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jueves, 22 febrero 2024

¿Nos creemos más listos de lo que somos?

Ciencia y tecnología¿Nos creemos más listos de lo que somos?

Sí, salvo que seamos realmente muy muy muy listos: se llama efecto Dunning-Kruger

Un día de enero de 1995, un hombre llamado McArthur Wheeler, junto con un cómplice, atracó dos bancos en Pittsburg, Pensilvania, Estados Unidos. A pesar de que había cámaras de seguridad y no ocultó su apariencia, se sorprendió cuando le informaron que lo habían identificado gracias a las imágenes de videovigilancia. Wheeler alegó que se había echado jugo de limón en la cara para volverse invisible ante las cámaras, lo que desconcertó a los detectives.

El desconcierto de los detectives se convirtió en asombro cuando Wheeler les explicó su teoría sobre el jugo de limón. Según él, alguien le había dicho que al ponerse jugo de limón en la cara sería invisible ante las cámaras, lo cual resultó ser absolutamente falso y se basaba en el truco del jugo de limón como tinta invisible que se hace aparecer en un papel al acercarle una cerilla encendida. Para estar seguro de su artimaña Wheeler se había hecho un autorretrato con una Polaroid y efectivamente, él no salía en la foto pero, en realidad, lo que había pasado era que el jugo de limón le había irritado los ojos y no se había encuadrado correctamente por lo que no sólo no salía su cara sino que no salía su cuello o su camisa ¡y aun así se creyó invisible!

Este incidente intrigó a David Dunning, profesor de psicología social en la Universidad de Cornell, quien se preguntó si las personas podrían tener puntos ciegos similares sobre su incompetencia. Junto a su colega Justin Kruger, realizaron experimentos que revelaron que las personas con un bajo rendimiento tendían a sobrestimar sus habilidades y calificarse por encima del promedio en diversas áreas, lo que llamaron el ‘efecto Dunning-Kruger’.

Dunning y Kruger concluyeron que las personas incompetentes a menudo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas debido a que carecen de la capacidad de darse cuenta de su propia incompetencia. Este fenómeno se observó en diversos ámbitos y demostró que la ignorancia a menudo genera confianza en lugar de conocimiento.

Por el contrario, las personas que obtuvieron mejores resultados en los experimentos eran menos asertivas sobre sus propias capacidades y más propensas a dudar de la calidad de sus resultados.

Este efecto, conocido desde entonces como efecto Dunning-Kruger ha tenido numerosos corolarios más o menos simpáticos entre los que destaca el referido a los gobiernos: mientras las personas mejor preparadas de la nación dudan sobre su aportación a la sociedad, los estúpidos no tienen ninguna duda sobre su idoneidad para llegar al Gobierno. También es de destacar el trabajo de Cipolla redactando las cinco Leyes Fundamentales de la Estupidez para ayudarnos a identificar y minimizar los daños de una persona estúpida cerca de cada uno de nosotros.

Vivimos en un constante proceso de adquisición de conocimiento, pero a menudo somos inconscientes de las vastas áreas de nuestra ignorancia. La «anosognosia de la vida cotidiana» nos hace ignorar la extensión de nuestra propia ignorancia, lo que nos lleva a sobreestimar nuestras capacidades. Por lo tanto, es importante recordar que la confianza y el conocimiento no siempre van de la mano y que podemos caer en la trampa de ignorar nuestra propia ignorancia.

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