Tomates asados con hierbas

Ocio y culturaTomates asados con hierbas

Los tomates asados con hierbas conservan el jugo suficiente para mojar pan pero ganan un sabor más concentrado que en crudo. El orégano, el tomillo y el ajo acompañan sin convertirlos en una salsa triturada. Cada mitad llega a la mesa reconocible, con la superficie algo tostada y el interior blando.

Esta preparación aprovecha tomates maduros que todavía mantienen su forma. No es la mejor solución para piezas estropeadas ni para tomates completamente verdes que esperas endulzar a base de azúcar. Con un producto de sabor equilibrado basta el aceite y una cocción sin prisas.

Tomates carnosos y hierbas en proporción

El tomate de pera resulta práctico porque ofrece una forma regular y una pulpa bastante carnosa. Elige piezas de tamaño parecido, maduras pero firmes. Si utilizas tomates redondos grandes, tendrás que adaptar el tiempo y quizá dividirlos en cuartos. El peso importa más que el número exacto de unidades.

El orégano seco se reparte fácilmente y el tomillo fresco aporta un aroma distinto. El ajo se corta en láminas finas y se coloca sobre la parte húmeda de los tomates, no directamente sobre una zona seca de la fuente. De esa manera recibe calor sin quemarse tan deprisa.

Una enorme variedad dentro del mismo ingrediente

La Royal Horticultural Society destaca la diversidad de tomates en tamaños, colores, texturas y sabores. No todos producen el mismo resultado al cocinar. Un tomate pequeño de piel fina, uno de ensalada grande y uno de pera pueden estar igualmente maduros y soltar cantidades de jugo diferentes.

El asado de esta receta tampoco equivale a hacer tomate seco. Se busca una reducción parcial de humedad y una textura que puedas comer con tenedor. El líquido del fondo forma parte del plato. Si prolongas mucho el horno para eliminarlo por completo, estarás preparando otra elaboración más concentrada.

Cómo preparar tomates asados con hierbas

Raciones: cuatro de entrante o guarnición. Dificultad: fácil. Preparación: 15 minutos. Cocción: 40-50 minutos. Reposo: 5 minutos. Tiempo total: 60-70 minutos. El precalentamiento coincide con la preparación.

Ingredientes para cuatro personas

  • 1 kg de tomates de pera maduros, aproximadamente 8-10 unidades.
  • 30 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • 2 dientes de ajo, unos 8 g pelados.
  • 1 g de orégano seco.
  • 3 g de tomillo fresco, en hojas y ramitas tiernas.
  • 4 g de sal fina.
  • 0,5 g de pimienta negra molida.

Cambios según lo que encuentres

Puedes sustituir el tomate de pera por 1 kg de tomates redondos carnosos. Córtalos en mitades o cuartos según su tamaño y empieza a revisarlos a los 35 minutos. Los tomates cereza son otra adaptación pero se cocinarán bastante antes. Si solo tienes tomillo seco, utiliza 1 g y mézclalo con el aceite junto al orégano.

Preparación paso a paso

  1. Enciende el horno a 190 °C con calor arriba y abajo. Lava los tomates y sécalos. Córtalos por la mitad a lo largo y retira con la punta del cuchillo la parte dura del pedúnculo. Conserva las semillas y el jugo interior.
  2. Unta con 5 ml de aceite una fuente de horno de aproximadamente 30 por 22 cm. Coloca los tomates con la cara cortada hacia arriba y en una sola capa. Deben caber próximos pero sin apretarse ni montarse unos sobre otros.
  3. Pela el ajo y córtalo en láminas finas. Mezcla los 25 ml de aceite restantes con el orégano, la sal y la pimienta. Reparte sobre la superficie de los tomates con una cuchara pequeña para que cada mitad reciba algo de aliño.
  4. Distribuye las láminas de ajo sobre la pulpa. Lava y seca el tomillo, separa las hojas de las ramas duras y reparte las hojas y las ramitas tiernas. Evita dejar ajo o hierbas en los bordes secos de la fuente.
  5. Hornea a media altura durante 40-50 minutos. A los 30 minutos observa el fondo y gira la fuente si un lado se dora más. Los tomates estarán listos cuando cedan al pincharlos, tengan la piel arrugada y muestren pequeñas zonas tostadas en la superficie.
  6. Deja reposar 5 minutos fuera del horno. Retira cualquier tallo de tomillo que haya quedado duro. Reparte el jugo del fondo por encima con una cuchara y sirve sin aplastar las mitades.

No añadas agua al principio: los propios tomates aportan líquido. Si una variedad muy carnosa deja el fondo casi seco antes de estar tierna, baja la temperatura y vigila más a menudo. Si ocurre lo contrario y hay demasiado jugo, puedes retirarlo a un cazo, reducirlo brevemente y devolver una parte a la fuente.

La sal se ajusta con prudencia porque el líquido se concentra durante el asado. Espera al final antes de añadir más. Tampoco necesitas compensar automáticamente con azúcar: si el tomate tiene una acidez excesiva, el resultado seguirá dependiendo de esa materia prima aunque aumentes el tiempo de horno.

Mitades jugosas con pan al lado

Sirve templados en la propia fuente si es adecuada para la mesa. Ofrece pan de miga firme para recoger el jugo y acompaña, si quieres, con una tortilla o con arroz cocido presentado aparte. Una bebida sin alcohol como agua con gas y una rodaja de limón refresca entre bocados sin añadir dulzor.

Si los preparas antes, refrigera en un recipiente poco profundo antes de dos horas y mantén a 5 °C como máximo. Guarda también el jugo para que no se resequen. No consideres el aceite y las hierbas un método de conservación a temperatura ambiente: se trata de una preparación cocinada que necesita frío.


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