Ahora mismo todos los medios del régimen están dando la matraca con el asunto de Maricarmen, la anciana que ha sido desahuciada de un piso de renta antigua. Lo de la izquierda española convirtiendo cualquier anécdota por nimia, absurda o jurídicamente indefendible que sea, en el último bastión de la dignidad humana y la lucha de clases es absolutamente fascinante porque a poco que se analice muestra cómo su doctrina y todo su parafernalia mediática encaja difícilmente con la realidad. No les preocupa lo que realmente ocurre sino que buscan constantemente la pancarta y utilizan a los medios para fabricar una causa célebre de consumo rápido para la televisiones y las redes sociales.
La mecánica siempre es la misma: se toma un caso aislado se le quita todo el contexto y se elimina cualquier lógica legal o científica y se eleva a la categoría de símbolo de la represión capitalista y fascista. En 2014 los servicios de salud pública internacional y quienes estaban medianamente informados contenían el aliento ante la amenaza del ébola y en España tuvimos un caso famoso de una enfermera que regresó de África afectada por esa enfermedad y su perro saltó a la fama por haberse contagiado. Lógicamente a cualquiera con dos dedos de frente no se le ocurre que ese perro pueda seguir viviendo porque los perros no entienden de protocolos sanitarios ni guardan distancias de seguridad ni van a la farmacia a comprar mascarillas por lo que era seguro que se iba a acabar convirtiendo en un foco infeccioso. De repente, la virología pasó a un segundo plano y la izquierda mediática se atrincheró detrás de la figura de Excalibur y generó una nueva categoría de drama: la tragedia canina. El animal, por razones obvias de contención biológica y de seguridad de millones de ciudadanos, debía de ser sacrificado pero las consignas y los eslóganes no entienden de protocolos sanitarios. En su lugar sacrificaron a la razón para montar un circo mediático donde el sentido común un brillaba por su ausencia.
Algunos años después la rueda de la indignación selectiva ha vuelto a girar y nos encontramos con el caso de Maricarmen, una anciana convertida por los platós del régimen en el último estandarte de la lucha social. Nos la presentan como una pobre ancianita desvalida y víctima del capitalismo voraz y de los buitres inmobiliarios; la narrativa es conmovedora porque se nos vende como una ciudadana ejemplar arrojada a las calles por un sistema desalmado. Sin embargo en cuanto se rasca levemente el envoltorio emocional, la realidad nos muestra una enorme estafa moral. Nos encontramos ante el retrato de una caradura que lleva 19 años viviendo con un contrato de renta antigua que ya no está legalmente en vigor porque tras la muerte de sus padres tenía derecho a dos años más de prórroga según la Ley de Arrendamientos Urbanos de Franco y al no cumplir con el grado de minusvalía exigido por la norma, debía abandonar la vivienda. Durante casi dos décadas ha estado abonando unos 400 euros por un piso, un pisazo que se alquila a precio de mercado por entre 2.000 y 3000 euros en el barrio del Retiro madrileño. Viendo las imágenes de la casa se entiende que esta señora tenía ínfulas y quería vivir por encima de sus posibilidades porque había sido funcionaria y ahora tenía una pensión de unos 1.400 euros. Por supuesto en cuanto el Ayuntamiento le ha ofrecido soluciones de vivienda le han parecido poca cosa porque ella está acostumbrada a viviendas de mucho más caché. ¡Dónde va a parar, no se va a juntar ella con toda esa chusma de las viviendas sociales!
El caso de Maricarmen por supuesto ha sido inmediatamente recogido por la izquierda y convertido en un nuevo icono del pueblo oprimido. Esto no es casual y responde a un método de agitación y propaganda meticulosamente ensayado. Están en primera fila los tontos habituales de todo esto empezando por la Colau y el kiosquero de Podemos, Irene montero y todos los que defienden este tipo de trolas, flotillas y demás zarandajas. Nos ha faltado Greta Thumberg para completar el póker de tontos del bote que saltan de flor en flor, de titular en titular, de causa en causa con la única finalidad de mantener encendida la maquinaria del sentimentalismo y ocupar el debate público.
En España lo paradójico de este espectáculo es que es la izquierda la que está en el poder. La izquierda gobierna desde hace ocho años y dispone del Boletín Oficial del Estado, con mayorías parlamentarias para aplicar soluciones reales si las hubiera pero prefieren actuar como oposición a la realidad porque, simplemente, no la comprenden. Mantienen la tensión mediática para que nadie se dé cuenta de un detalle definitivo: no aplican soluciones a los problemas porque sus problemas propuestas teóricas son una sandez absoluta inaplicable en la práctica. Le resulta infinitamente más rentable alimentar la ficción de que siguen en la lucha y se esconden detrás de la pancarta porque gestionar el mundo real es muy chungo y, además, el nivel intelectual de sus votantes es el que es y la cosa les funciona.
Todo este teatro le debería servir a la derecha como un recordatorio de lo que le espera si algún día llega al Gobierno de España. Que no se engañen esperando una transición plácida o una oposición leal. En el preciso instante el que la izquierda abandone el poder la calle volverán a llenarse de mareas, perros mártires y desahuciados ejemplares. Ellos mismos lo advierten: si llega el Partido Popular y no digamos si llega VOX, las calles van a arder.
Eso, claro está, aceptando que se produzca una alternancia democrática, porque viendo las actuales maniobras de Pedro Sánchez con el censo y todos los elementos del sistema electoral, nada garantiza un traspaso limpio. Hay que empezar por recordar que el propio Pedro Sánchez llega a la secretaría general del PSOE mediante un pucherazo en el que rellenan urnas detrás de de unas cortinas y todo eso está grabado y todo el mundo lo sabe, es decir, Pedro Sánchez es un sinvergüenza declarado que todo el mundo conoce que no juega limpio y los españoles estamos pasivamente esperando a que celebre unas elecciones limpias. No olvidemos que aunque Pedro Sánchez es un imbécil de manual, nos supera a todos en varios niveles de maldad o, hablando en plata, de hijoputismo y va a hacer todo lo necesario para mantener en el poder y evitar que el sistema judicial caiga sobre él y su familia y acaben en en prisión o teniéndose que exiliar a países sin tratados de extradición.
Ante un enemigo que utiliza los casos aislados para adoctrinar y las instituciones para perpetuarse, la derecha debería ir aprendiendo que necesita un discurso propio y no desistir en la batalla cultural… si es que quieren gobernar, claro.








