En 1996, mientras yo andaba investigando cómo era eso de vender en Internet para distribuir en toda España mi base de datos de legislación Lexur, había gente muchísimo más espabilada que ya se olía la tostada y Olé fue comprado por 200.000 pesetas. En 1999, el grupo Telefónica lo volvió a comprar pero ahora por 2.000 millones, todavía en pesetas. Entre ambas cifras aparece Pep Vallès, uno de los nombres del primer pelotazo digital español. Pero hay una diferencia decisiva entre contar una operación empresarial y atribuirle toda su cuantía a una persona: Olé tenía varios socios y el acuerdo incluía una segunda oportunidad de ganar dinero con un pago en acciones de Terra.
Un buscador con respaldo institucional
Josep Vallès Rovira, conocido como Pep Vallès, impulsó Olé junto a Josep Gaspà en el entorno de la Fundació Catalana per a la Recerca, vinculada a la Generalitat. El proyecto nació asociado a CINET, su iniciativa de acceso a internet. Por tanto, su punto de partida incluía una organización, colaboradores y recursos institucionales.
Olé comenzó a funcionar en enero de 1996. Su utilidad era bastante fácil de entender: ayudaba a encontrar páginas en español cuando buena parte de las herramientas conocidas estaban orientadas al inglés. Tenía aspecto de directorio, con enlaces clasificados por asuntos. Para quien acababa de conectarse, aquello ahorraba búsquedas a ciegas.
La reconstrucción de Xataka sobre sus primeros años describe meses de selección de referencias y organización del contenido. Había trabajo detrás del servicio. También había una oportunidad comercial: acompañar a los hispanohablantes que empezaban a descubrir la red.
Las 200.000 pesetas que cambiaron de dueño el proyecto
La privatización de Olé en 1996 acabaría siendo uno de los puntos más discutidos de la historia. Vallès adquirió el buscador por 200.000 pesetas. El periódico documentó que la transmisión no había recibido la autorización preceptiva del patronato de la fundación.
El precio posterior no demuestra, por sí solo, cuánto debía valer el proyecto tres años antes. Entre una empresa incipiente y otra que encuentra un comprador estratégico pueden cambiar muchas cosas y seguramente sin el ingente trabajo de Vallés el portal no hubiese acabado valiendo nada (como casi todos los intentos similares que se hacen constantemente desde la Administración).
Después intervinieron distintas sociedades. La vendedora a Telefónica fue Infosearch Holdings, domiciliada en Luxemburgo. Vallès compartía el negocio con otros participantes. Identificar esa propiedad resulta imprescindible: el dinero de una compraventa se lo llevan quienes venden conforme a su parte proporcional en el negocio, no automáticamente al rostro más conocido del proyecto.
Por qué Telefónica quería una puerta de entrada
Un portal reunía búsquedas, contenidos y servicios para convertirse en el lugar desde el que comenzaba la navegación. La apuesta comercial consistía en atraer visitas y transformar esa atención en publicidad, relaciones con clientes y oportunidades de comercio electrónico.
Para una operadora, ofrecer la conexión y disponer además de una página de referencia eran negocios complementarios y la conexión permitía entrar en internet. El portal aspiraba a decidir dónde se detenía el usuario una vez dentro. Comprar una marca conocida podía ahorrar el tiempo necesario para construir esa audiencia desde cero.
El folleto bursátil de Terra de 1999 permite entender la apuesta: el grupo se estaba formando mediante integraciones y compras de negocios de acceso y portales en distintos países.
La lógica industrial existía. Lo discutible era cuánto pagar por unas expectativas todavía difíciles de convertir en beneficios duraderos. Tener visitantes era un activo comercial; conseguir que esos visitantes dejaran suficiente dinero para justificar la compra era otra tarea.
Los millones tenían dos destinos distintos
La cifra habitual de 3.000 millones de pesetas necesita abrirse por dentro. Lo que se dijo en aquel momento era que 2.000 millones eran realmente el precio pagado y después se aportaron otros 1.000 millones aportados a la empresa. Una inyección de capital aumenta los recursos del negocio; no equivale a entregar ese importe al bolsillo del vendedor.
La documentación posterior de Telefónica confirma el componente en efectivo: su suplemento informativo de agosto de 2002 registra la adquisición del 100% de Olé a Infosearch por 12,02 millones de euros. Es la expresión contable en euros del precio histórico, no una actualización por inflación.
El matiz importa porque una misma operación puede producir titulares diferentes según se sumen el pago a los propietarios, los fondos destinados a la sociedad y otras contraprestaciones. Ninguna de esas sumas permite calcular por sí sola cuánto cobró Vallès después de impuestos y gastos.
La segunda oportunidad estaba en Terra
El acuerdo también permitió a Infosearch comprar 4.928.000 acciones de Terra por 20,8 millones de euros, según Telefónica. Eran títulos de propiedad de la compañía: su valor podía aumentar si los inversores aceptaban pagar más por ellos.
El folleto identifica el reparto posterior. Odisea Holding, participada por Vallès, Gaspà y Jordi Duran, se quedó con 2.912.448 acciones. Martín Velasco recibió 1.941.632 y Thierry Kern otras 73.920. Ese reparto acredita la participación de varios beneficiarios, pero no desglosa el patrimonio individual de Vallès dentro de Odisea.
La posibilidad de adquirir acciones antes de su negociación bursátil añadía atractivo al acuerdo. Si luego subían, aparecía una plusvalía, es decir, una diferencia favorable respecto al precio de compra. Mientras no se vendieran, esa ganancia seguía expuesta a las caídas.
Telefónica valoró contablemente en 33,2 millones de euros la diferencia entre el valor estimado de aquellos títulos y el importe pagado por ellos, bajo las normas estadounidenses. Esa valoración tampoco era un segundo cheque entregado a Vallès.
Después llegaron Hacienda y la caída bursátil
La venta sí tuvo una derivada fiscal. En diciembre de 2002, se supo que una perito de la Agencia Tributaria había detectado posibles irregularidades y reclamaba documentación adicional. Su informe no cuantificaba un fraude. Aquello era una investigación, no una condena pero corrieron rios de tinta.
En junio de 2003, una información de EFE publicada por La Vanguardia señalaba que la mayoría de sus problemas judiciales estaban archivados. Esa referencia no permite afirmar que existiera una resolución definitiva de todas las cuestiones fiscales porque son temas privados que ni yo conozco ni nunca han salido a la luz pública.
La misma noticia aportaba un desenlace patrimonial concreto: Vallès conservaba medio millón de acciones de Terra. A los 5,25 euros ofrecidos por Telefónica en su oferta de adquisición de 2003, ese paquete suponía unos 2,6 millones de euros. EFE lo comparaba con los casi 70 millones que había llegado a valer en febrero de 2000 antes de la explosión de la burbuja puntocom pero, en cualquier caso, Pep Vallés se convirtió para siempre en una leyenda del mundo internáutico español.








