Yo me crié con la peseta y en mi viaje de novios vi la diferencia que había con el franco francés y me pareció que París estaba a diez mil kilómetros de España. Poco después llegó el euro y lo que empezó siendo un canto a Europa y a lo guays que éramos los europeos, se está complicando poco a poco.
Desde que nació el euro se los ha presentado como una historia de éxito en el camino de la unión de los pueblos de Europa pero el tránsito no ha sido fácil y, además de los enemigos externos, ha encontrado muchos enemigos internos que jamás vieron con buenos ojos la desaparición de la soberanía monetaria y con ella del franco, el marco o la peseta.
Para garantizar toda esa estructura multinacional tan complicada, la creación del euro llevó muchos años y se hizo con todas las precauciones y se tomaron todas las garantías posibles. Una de las normas que se estableció para garantizar la estabilidad del sistema era que los países debían mantener como máximo un déficit público del 3% de su Producto Interior Bruto y una deuda que no superase el 60%. En caso de que alguno de los dos números se viera superado por algún estado miembro, ya se estableció un mecanismo de control por parte de la Comisión Europea mediante el cual se establecería un plan para que el país infractor regresase a la senda de la estabilidad o, en caso contrario, se enfrentase a serias sanciones. Obviamente este mecanismo nunca ha llegado a funcionar porque quienes dirigen ese órgano sancionador son los propios países sancionables y nadie se va a dejar sancionar a sí mismo, salvo algunos países pequeños como Grecia que no pudieron oponerse al control financiero de la Comisión Europea.
A mí me da también que a Zapatero le cantaron las cuarenta porque el muy idiota no entendía todo aquello de los euros, los déficits, la prima de riesgo y todos esos palabros y por eso se tuvo que ir corriendo y entró Rajoy para hacer lo que mandaba la Comisión Europea.
Luego hay una escena en la que se ve a Zapatero a contraluz con la mano levantada contra la puesta de Sol declamando «Juro por Dios que ni yo ni los míos volveremos a pasar hambre…» y desde entonces se dedicó a juntar joyas, minas de oro y otras cosas sin interés patrimonial, pero esa es otra historia.
El problema ahora mismo es que la segunda economía de la zona euro, Francia, atraviesa una crisis fiscal sin precedentes y su deuda ha llegado a niveles que no se veían desde mil novecientos treinta y dos. Para hacerse una idea de la gravedad de la situación, la deuda pública francesa ya está en el 115% e irá sumando un 5% anual en los próximos años porque el gobierno francés sostiene un nivel de déficit público del cinco por ciento aproximadamente.
El problema se hace todavía más grave porque la situación de la política francesa, tal y como está ocurriendo en el resto de las democracias liberales occidentales, se está polarizando en dos extremos y ninguno de los dos es partidario de los ajustes y recortes que supone reducir el déficit público porque anunciar ese tipo de recortes limitaría inevitablemente sus aspiraciones de poder.
En el caso francés François Macron ha intentado sacar adelante planes leves de recortes pero se ha encontrado con una brutal oposición a derecha e izquierda que ha derribado a sus primeros ministros y yo creo que el propio Macron ha llegado a la conclusión de que para lo que le queda en el convento…
Pero si alguien pensaba que la crisis política era lo peor que le podía pasar a Francia, la crisis financiera que se avecina va a empeorar todavía más las cosas y le va a costar un riñón a los gabachos. La mayoría de la deuda del estado francés está colocada en bonos a diez años que se vendieron a intereses cercanos a cero en 2017 o 2018.
Sin embargo ahora mismo la situación de la deuda ha cambiado radicalmente y conforme van venciendo esos bonos a diez años al cero por ciento hay que renovarlos con nuevos bonos a diez años pero las nuevas condiciones financieras que hay en todo el mundo, no solo en la Unión Europea, hacen que esa deuda tenga que refinanciarse a tipos del 4% o superiores y eso sí que va a ser un verdadero varapalo para las finanzas francesas porque además del déficit público estructural que les causa el exceso de prestaciones sociales y gasto público de todo tipo (que dicho sea de paso está ahogando a la iniciativa privada francesa) tendrán que sumar el inmenso coste que los tres billones y medio de euros de deuda suponen.
Así a la ligera los tres billones y medio de euros que deben los franceses al 4% de interés suponen ciento cincuenta mil millones de euros y ese dinero tendrá que salir de los autónomos y de las empresas francesas así que el gobierno que entre en las elecciones francesas del próximo año se va a encontrar un panorama bastante sombrío, pero yo me imagino que hará como hace Donald Trump y fingirá que la cosa no va con él y seguirá gastando como si no hubiera mañana y dejando que el que venga detrás achuche.
El problema de esta política francesa es que los que vamos detrás y tendremos que achuchar seremos el resto de ciudadanos de la Unión Europea, que ya bastante tenemos con los discapacitados intelectuales que nos gobiernan y la carga fiscal con la que someten a la sociedad porque viendo que nadie le tose a Francia, todos los políticos se van a dedicar a gastar y a crear subvenciones para alquileres, pagas para todo el mundo, subvenciones al transporte, a la gasolina, al pan y, al final, entregando cupones de comida al estilo estadounidense para que la gente tenga dinero sin trabajar para hacer la compra en el supermercado. Yo me imagino que la Yoli ya está mirando de reojillo qué paga inventarse para rascar unos votos más que le permitan tener un carguillo y no tener que trabajar.
A ver si al final por culpa de Francia va a saltar el euro por los aires y vamos a entrar los europeos en una crisis brutal y acabamos emigrando a Argentina, que no es la primera vez y allí sí están cuadrando las cuentas públicas a machacamartillo.








