Las espinacas y los piñones forman un relleno que combina el sabor vegetal con pequeños bocados tostados. Dentro de una bechamel espesa, las hojas quedan repartidas por toda la masa y dan un aspecto moteado muy reconocible. La cobertura crujiente aporta el contraste que convierte esa mezcla en un entrante para compartir.
No buscamos unas croquetas aguadas ni un puré completamente verde. Cocinar las espinacas, escurrirlas con cuidado y cortarlas después son tres operaciones distintas. Saltarse alguna suele complicar el formado. Los piñones se tuestan ligeramente y se incorporan al final para conservar su textura.
Los ingredientes que definen el relleno
Puedes partir de espinacas frescas lavadas o de un producto congelado siguiendo sus instrucciones. En la receta principal se indican 300 g de hojas frescas, sin tallos gruesos. Una vez cocinadas ocuparán mucho menos volumen; esa reducción es normal y no significa que falte relleno.
Los piñones deben oler suavemente a fruto seco, sin notas rancias. Como se queman con facilidad, conviene tostarlos en una sartén pequeña y retirarlos en cuanto empiecen a tomar color. Su cantidad es moderada: deben aparecer como un detalle al morder, sin desplazar a las espinacas ni convertir la masa en una mezcla seca.
Curiosidades y contexto culinario
Karlos Arguiñano tiene publicada una receta de croquetas de espinacas y piñones en la que utiliza bebida de avena y un empanado sin huevo. Esa variante documenta la combinación vegetal y muestra que es posible plantearla con bases distintas.
La elaboración que tienes aquí utiliza leche, mantequilla y huevo. Por tanto, no debe describirse como vegana. Esta precisión importa al compartir recetas: llevar espinacas no determina por sí solo qué alimentos de origen animal aparecen en la masa o en la cobertura. El tipo de bechamel y el empanado también cuentan.
Cómo preparar croquetas de espinacas
Raciones: cuatro de entrante, unas 24 croquetas (el rendimiento varía con la evaporación). Dificultad: media. Preparación activa: 30 minutos, incluido el formado. Cocción: unos 55 minutos, incluida la fritura por tandas. Esperas: 20 minutos de templado, al menos 4 horas de enfriado y 20 minutos con el empanado. Tiempo total mínimo aproximado: 6 horas y 5 minutos. Las tareas simultáneas no se suman; una noche de reposo alarga el tiempo total y no el trabajo activo.
Ingredientes para cuatro personas
- 300 g de hojas de espinaca fresca lavadas, sin tallos gruesos
- 25 g de piñones pelados
- 500 ml de leche entera
- 55 g de mantequilla sin sal
- 70 g de harina de trigo para la masa
- 30 ml de agua para cocinar las espinacas
- 3 g de sal, ajustables al final
- 0,2 g de nuez moscada molida
- 0,2 g de pimienta negra molida
Para empanar y freír
- 40 g de harina de trigo para la cobertura
- 2 huevos medianos, unos 100 g sin cáscara
- 120 g de pan rallado fino
- 700 ml aproximadamente de aceite de oliva suave o de girasol para freír
Sustituciones y ajustes
Para utilizar espinacas congeladas, cocínalas como indique el envase y emplea unos 140 g ya cocinados, muy escurridos. El rendimiento cambia entre marcas. Si no tienes piñones, 25 g de almendra picada y ligeramente tostada dan una adaptación económica, con una textura más firme. No la presentes como la misma combinación del índice y recuerda indicar el cambio a quienes vayan a comerla.
Preparación paso a paso
- Coloca las espinacas con los 30 ml de agua en una cazuela amplia. Tapa y cocina a fuego medio 4 minutos, removiendo una vez, hasta que todas las hojas se hayan ablandado. Escurre, deja templar lo necesario para manipularlas y presiona en un colador. Pícalas finas y reserva sin líquido visible.
- Tuesta los piñones en una sartén seca a fuego medio-bajo durante 2 minutos, moviéndolos continuamente. Retira en cuanto aparezcan puntos dorados. Funde la mantequilla en la cazuela de la bechamel y templa la leche en un cazo aparte.
- Añade la harina destinada a la masa y remueve 2 minutos a fuego medio-bajo. Obtendrás una pasta, llamada roux, que sirve para espesar. No debe adquirir un color marrón: buscamos cocinar la harina conservando una base clara.
- Vierte la leche templada en cuatro incorporaciones. Bate con varillas después de cada una, hasta que la mezcla esté lisa, antes de añadir la siguiente. Cuando aparezcan las primeras burbujas, baja el fuego y cambia a una espátula.
- Cocina la bechamel unos 15 minutos a fuego suave, removiendo el fondo y las esquinas. Debe caer de la espátula en una cinta gruesa y dejar un surco breve al pasarla por la cazuela. Si todavía corre como una salsa, continúa unos minutos; el frío ayuda a formar pero no sustituye este cocinado.
- Añade las espinacas picadas y cocina 3 minutos más. Mezcla los piñones, la nuez moscada y la pimienta. Ajusta la sal y comprueba que las hojas estén repartidas, sin ovillos ni tallos largos.
- Extiende la masa en una fuente limpia y poco profunda, formando una capa de unos 2 centímetros. Templa unos 20 minutos y refrigera enseguida, siempre antes de 2 horas; mantén el frigorífico entre 1 y 4 °C. Protege la superficie y deja enfriar al menos 4 horas, hasta que el centro esté firme.
- Divide la masa fría en unas 24 porciones de 30-35 g y forma óvalos cortos de unos 4 centímetros de largo. Prepara tres platos: harina de cobertura, huevos batidos y pan rallado. Pasa cada pieza por los tres en ese orden, sacudiendo la harina sobrante. Cubre extremos y uniones sin apretar hasta aplastarla.
- Coloca las piezas empanadas en una bandeja y refrigera 20 minutos. Mientras tanto, prepara una cazuela pequeña y profunda con el aceite de fritura, sin llenarla más de la mitad. Calienta a 170-175 °C, preferiblemente comprobándolo con termómetro. La cantidad indicada es para el baño y no se consume por completo.
- Fríe 4 o 5 piezas por tanda durante unos 3-4 minutos, girándolas con cuidado si no quedan totalmente cubiertas. Recupera la temperatura entre tandas. Retira con espumadera cuando estén doradas. Comprueba el centro con una sonda en una pieza de prueba: debe alcanzar 70 °C durante 2 minutos. Si falta calor interior, termina en horno precalentado a 160 °C, calor arriba y abajo, hasta cumplirlo.
- Escurre brevemente sobre papel y pasa a una rejilla sin apilar. No tapes la fuente: el vapor ablanda la corteza. Sirve tras un minuto de reposo. Los tiempos de fritura son orientativos y dependen del tamaño; evita hacer piezas grandes para que el exterior no se dore antes de calentar el centro.
Cómo corregir los problemas más habituales
Si se forman hilos verdes al separar una porción, las hojas necesitan un picado más fino. Si aparece líquido alrededor de la masa, el escurrido ha sido insuficiente. No aumentes la harina de manera automática: primero asegúrate de eliminar el agua libre de la verdura. Los piñones oscuros amargan y conviene descartarlos antes de mezclar, porque después no podrás retirarlos con facilidad.
Presentación y acompañamientos
Coloca las croquetas en un plato claro para destacar el verde del interior. Abre una si quieres mostrar los piñones, pero deja las demás enteras para conservar mejor el calor. Una corteza dorada uniforme debe dar paso a una masa cremosa con las hojas bien repartidas.
Puedes acompañarlas con zanahoria rallada aliñada en un cuenco aparte. Un agua fresca con unas hojas de hierbabuena resulta ligera y aromática; si tomas vino, un blanco joven suave funciona bien. Evita servirlas sobre una salsa de tomate caliente: su vapor reblandece la base y cambia la experiencia del empanado.
Para adelantar trabajo, prepara la masa la víspera y empana cuando esté completamente fría. Si no vas a freír todas las piezas, congela las sobrantes sin freír, primero separadas y después en un recipiente cerrado con la fecha. Los tiempos anteriores corresponden a croquetas refrigeradas, no congeladas. Descarta los restos de huevo y pan usados para empanar.








