Pimientos asados con ajo

Ocio y culturaPimientos asados con ajo

Los pimientos asados con ajo tienen una ventaja práctica: con muy pocos ingredientes producen un plato lleno de sabor y un jugo que merece tanto cuidado como la propia verdura. El horno ablanda la carne y arruga la piel. El ajo entra después para dar carácter al aliño sin convertirlo en una salsa pesada.

Esta versión lleva el ajo suavemente calentado en aceite. Así conserva su presencia pero evita el golpe intenso del ajo crudo. Puedes servir los pimientos como entrante con pan o reservar una parte para acompañar una tortilla. La receta principal no incluye vinagre porque interesa apreciar el dulzor y el líquido del asado.

Pimientos carnosos y ajo bien tratado

Compra pimientos rojos grandes, firmes y pesados para su tamaño. La piel debe verse lisa y sin zonas húmedas deterioradas. Una pared gruesa facilita el pelado y deja tiras generosas. Las piezas muy pequeñas tienen más superficie de piel en relación con la carne y pueden secarse antes de quedar tiernas.

El ajo debe estar firme. Córtalo en láminas muy finas para que se reparta por toda la fuente. El aceite de oliva virgen extra aporta cuerpo al jugo y ayuda a transportar su aroma. Utilizar mucho aceite no arregla un pimiento poco asado: el punto de cocción sigue siendo lo decisivo.

Un ingrediente americano en la despensa española

El pimiento llegó a España desde América. El pliego de la denominación de origen Pemento de Herbón, publicado por el Ministerio de Agricultura, recoge esa llegada y su utilización como alternativa a la pimienta. Esa historia pertenece al ingrediente en general; no demuestra un lugar de nacimiento concreto para estos pimientos al horno.

Asar y pelar transforma la manera de comerlo: desaparece la piel más correosa y la carne se vuelve flexible. El líquido rojo que queda en la bandeja no es un residuo que haya que tirar. En esta receta se cuela y se incorpora al aliño para aprovechar el sabor sin recurrir a un caldo externo.

Cómo preparar pimientos asados con ajo

Raciones: cuatro de entrante. Dificultad: fácil. Preparación: 10 minutos iniciales y 15 minutos finales. Cocción: 45-60 minutos de horno; el ajo se cocina durante el reposo. Reposo: 15 minutos. Tiempo total: 1 hora y 25 minutos a 1 hora y 40 minutos.

Ingredientes para cuatro personas

  • 4 pimientos rojos de asar, unos 1,2 kg en crudo.
  • 2 dientes de ajo, unos 8 g pelados.
  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • 3 g de sal fina.

Alternativas que cambian el resultado

Si solo tienes pimientos de conserva al natural, utiliza 650 g escurridos y 80 ml de su líquido. Obtendrás una versión rápida que no necesita horno pero tendrá otro sabor y una textura menos firme. Revisa la sal de la conserva antes de añadir la indicada. Los piquillos son una adaptación válida aunque no reproducen las tiras anchas del pimiento grande.

Preparación paso a paso

  1. Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo. Lava los pimientos, sécalos y colócalos enteros en una bandeja metálica con borde. Úntalos con 5 ml de aceite. Evita una fuente demasiado pequeña que los mantenga apretados unos contra otros.
  2. Hornea a media altura durante 45-60 minutos. Gíralos con pinzas a los 25 minutos. Busca una piel abombada, arrugada y oscurecida en algunas zonas. La carne debe ceder cuando la presiones suavemente con las pinzas; el tamaño puede alargar el tiempo.
  3. Pasa los pimientos a un recipiente resistente al calor. Tapa y deja reposar 15 minutos para que se templen y la piel se desprenda mejor. Conserva todos los jugos de la bandeja. No los dejes enfriar por completo antes de comenzar a pelarlos.
  4. Mientras reposan, pon los 35 ml de aceite restantes y el ajo laminado en un cazo pequeño. Calienta a fuego bajo durante 3-4 minutos. Retira cuando las láminas estén ligeramente translúcidas y empiecen a tomar un tono crema. No esperes a que estén marrones.
  5. Abre los pimientos sobre un plato hondo. Retira el pedúnculo, las semillas y la piel con los dedos o un cuchillo pequeño. Divide la carne en tiras de unos 2 cm. Cuela el líquido recuperado para quitar semillas y restos de piel.
  6. Mezcla las tiras con el ajo y su aceite. Incorpora 80-100 ml del jugo colado y la sal. Si obtienes menos líquido, utiliza el disponible sin añadir agua automáticamente. Remueve levantando las tiras con dos cucharas para no romperlas.

Si sobra mucho jugo, puedes reducirlo solo en un cazo a fuego medio durante unos minutos antes de incorporarlo. Vigila que no se seque. La fuente debe quedar jugosa pero no convertida en una sopa. Prueba el aliño cuando los pimientos estén templados: a una temperatura muy alta cuesta apreciar bien la sal.

Pan para los jugos y un servicio sin prisas

Coloca los pimientos en una fuente baja y distribuye las láminas de ajo por encima. Sírvelos templados con pan aparte. Para acompañar, una cerveza sin alcohol de sabor suave combina con el dulzor del asado sin sumar otra nota ácida al aliño.

Si no los consumes al momento, enfría en un recipiente poco profundo y guarda en el frigorífico antes de dos horas, a 5 °C como máximo. El aceite no convierte la preparación en una conserva de despensa. Para servir otra vez, retira solo la porción necesaria y conserva el resto refrigerado.


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