Calabacines asados con parmesano

Ocio y culturaCalabacines asados con parmesano

El calabacín al horno funciona especialmente bien cuando conserva algo de cuerpo. Cortado en bastones gruesos, con una capa ligera de parmesano y tomillo, queda tierno por dentro y dorado en los bordes. El objetivo no es hacer unas patatas fritas vegetales: el interior seguirá siendo jugoso.

Esta receta sirve como entrante o como acompañamiento de una comida sencilla. La clave está en dejar espacio en la bandeja y añadir el queso cuando el calabacín ya ha perdido parte de su humedad. Así el parmesano se dora sin pasar demasiado tiempo expuesto al calor.

Calabacines pequeños y queso recién rallado

Escoge piezas medianas o pequeñas, firmes y sin golpes. Los calabacines muy grandes pueden tener una zona central más esponjosa y semillas desarrolladas. Si los utilizas, retira esa parte y pesa después la cantidad limpia. Mantén la piel: ayuda a sujetar el bastón y aporta contraste al plato.

El parmesano se reparte mejor si lo rallas fino. Una cuña permite controlar el grosor y evita mezclas de quesos que se funden de otra manera. El tomillo puede ser seco o fresco pero las cantidades no son idénticas. Interesa un aroma suave que acompañe al queso sin parecer una capa de hierbas.

La maduración también se nota al cocinar

El Consorzio del Parmigiano Reggiano establece una maduración mínima de doce meses. Esa espera forma parte de la identidad del queso. Para esta receta no necesitas buscar la curación más prolongada: una cuña de sabor equilibrado resulta suficiente para dar intensidad a una hortaliza suave.

El queso rallado se usa aquí como cobertura fina y no como una salsa. Ese detalle cambia el resultado: la humedad del calabacín se evapora primero y el parmesano recibe después un golpe de horno más corto. No hay que formar una costra gruesa que se desprenda al cortar cada pieza.

Cómo preparar calabacines asados con parmesano

Raciones: cuatro de entrante o guarnición. Dificultad: fácil. Preparación: 15 minutos. Cocción: 23-28 minutos. Reposo: 2 minutos. Tiempo total: 40-45 minutos. El horno se precalienta mientras cortas las piezas.

Ingredientes para cuatro personas

  • 800 g de calabacines en crudo, aproximadamente 3 piezas medianas.
  • 60 g de queso parmesano rallado fino.
  • 25 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • 3 g de hojas de tomillo fresco.
  • 2 g de sal fina.
  • 0,5 g de pimienta negra molida.

Sustituciones y cantidades

Puedes cambiar el parmesano por 60 g de Grana Padano o por 50 g de un manchego curado rallado fino. El manchego aporta otro sabor y puede soltar más grasa. Si usas tomillo seco, calcula 1 g en lugar de los 3 g de hojas frescas. Para una adaptación vegetariana estricta, comprueba el tipo de cuajo del queso alternativo; el Parmigiano Reggiano se elabora con cuajo animal.

Preparación paso a paso

  1. Enciende el horno a 220 °C con calor arriba y abajo. Prepara una bandeja metálica grande y poco profunda. Lava los calabacines, sécalos bien y corta los extremos. Si quedan gotas en la piel, retíralas con un paño limpio antes de continuar.
  2. Corta cada pieza en tramos de unos 7 cm y divide cada tramo longitudinalmente en cuatro bastones. Procura que el grosor ronde los 2 cm. Si una pieza es más ancha, divídela en seis para no dejar bastones que necesiten mucho más tiempo que el resto.
  3. Lava y seca el tomillo y retira las ramas duras. Mezcla el calabacín con el aceite, la sal, la pimienta y la mitad del tomillo en un cuenco amplio. Distribúyelo inmediatamente en la bandeja, con una cara cortada apoyada sobre el metal. Evita dejarlo esperando ya salado porque empezará a soltar líquido.
  4. Asa durante 15-18 minutos a media altura. Debe empezar a aparecer color en la cara inferior mientras el centro mantiene cierta firmeza. Si hay mucho líquido acumulado, la bandeja está demasiado llena: reparte en dos para favorecer la evaporación.
  5. Gira los bastones con una espátula fina. Reparte el parmesano sobre las caras superiores y añade el tomillo restante. Devuelve al horno durante 8-10 minutos, hasta que el queso tenga pequeños puntos dorados. No es necesario utilizar el gratinador.
  6. Pincha un bastón en su parte más gruesa. Debe estar tierno pero no deshacerse. Deja reposar 2 minutos y levanta las piezas con la espátula para conservar la cobertura. Sirve antes de que el vapor ablande el queso.

Un fallo habitual consiste en cortar rodajas muy finas y esperar que aguanten la misma cocción. Se ablandan antes de que el queso alcance su punto. Si prefieres rodajas, hazlas de unos 2 cm y comienza a comprobar el interior antes. El tamaño del corte manda más que un minuto exacto de reloj.

Del horno a una fuente abierta

Presenta los bastones en una sola capa o ligeramente superpuestos. No tapes la fuente al llevarla a la mesa: el vapor condensado humedecería la superficie. Puedes acompañarlos con una tortilla francesa o servirlos antes de un plato de legumbres. Un agua con gas bien fría resulta adecuada para el punto salado del queso.

Es una receta que luce más recién hecha. Si queda una porción, refrigérala antes de dos horas en un recipiente poco profundo y mantén el frigorífico a 5 °C como máximo. Guarda sin apilar demasiadas capas para no aplastar los bastones y cuenta con que la cobertura perderá parte de su textura.


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