El nombre «dinosaurios con pico de pato» resulta cómodo, pero puede llevarte a imaginar unos animales equivocados. Los hadrosaurios no eran patos gigantes y su hocico ancho no demuestra una vida dedicada a filtrar alimento en el agua. Fueron herbívoros terrestres muy diversos, capaces de procesar grandes cantidades de vegetación mediante una dentición extraordinariamente especializada. Algunos llevaban crestas llamativas; otros tenían cabezas relativamente discretas.
Durante el cretácico tardío ocuparon amplias regiones y participaron en comunidades muy diferentes. Su éxito no se explica por una sola ventaja ni por una supuesta perfección evolutiva. Combinaron modos eficaces de alimentación con distintas anatomías, tamaños y estrategias de vida. Además, sus fósiles ofrecen algo que escasea en muchos otros grupos: conjuntos numerosos de huesos, huellas, nidos y restos de piel. Esa variedad permite investigar cómo crecían y se movían, aunque deja abiertas cuestiones tan básicas como el sonido exacto de sus llamadas.
Una familia con muchas formas
Los hadrosáuridos pertenecen a los ornitópodos, un amplio grupo de dinosaurios herbívoros. No todos los ornitópodos fueron hadrosáuridos y no cualquier dinosaurio con un pico ancho pertenece a esta familia. La clasificación se basa en conjuntos de caracteres anatómicos y relaciones de parentesco, no en una sola semejanza superficial.
Entre los hadrosáuridos se distinguen grandes ramas como los saurolofinos y los lambeosaurinos. Estos últimos incluyen animales con crestas óseas huecas, como Parasaurolophus. Entre los primeros aparece Edmontosaurus, sin una cresta ósea tubular comparable. La variación entre ambos grupos no se limita a tener o no un adorno: también afecta a detalles del cráneo y de las vías nasales.
Norteamérica y Asia proporcionan registros especialmente abundantes. Esa concentración facilita reconstrucciones detalladas, pero también condiciona nuestra visión de la familia. La cantidad de fósiles conocidos depende de cuántas rocas adecuadas afloran y del esfuerzo dedicado a investigarlas. Una región con pocos esqueletos descubiertos no tuvo necesariamente pocos dinosaurios.
El pico recogía y los dientes procesaban
La parte anterior de la boca estaba cubierta por una estructura córnea. El pico ayudaba a recoger vegetación, mientras los dientes se concentraban en el interior de las mandíbulas. No debes imaginar una fila de piezas aisladas, como las de una persona. Se organizaban en baterías dentales: conjuntos estrechamente empaquetados con dientes funcionales y dientes de reemplazo.
Conforme se desgastaban las superficies utilizadas, otras partes entraban en funcionamiento. El sistema permitía mantener amplias zonas de procesamiento. La cifra total de dientes variaba según la especie y el tamaño del individuo. Repetir que todos poseían un número exacto oculta esa variación y confunde los dientes presentes con los que intervenían simultáneamente en la masticación.
Bramble y colaboradores estudiaron en 2017 la organización microscópica de estas baterías. Sus resultados respaldan un conjunto dinámico con conexiones de tejidos blandos entre dientes, no un bloque rígido de piezas pegadas. Ese detalle ayuda a entender cómo podían coordinar desgaste, soporte y reemplazo sin paralizar la alimentación.
Leer arañazos para reconstruir movimientos
El desgaste dental conserva señales de lo que ocurrió durante la alimentación. Bajo el microscopio aparecen pequeñas marcas cuya orientación puede relacionarse con los movimientos de las superficies en contacto. La comparación permite evaluar hipótesis sobre el funcionamiento mandibular, aunque el alimento y las partículas de sedimento también influyen en las señales obtenidas.
Un análisis publicado por Williams, Barrett y Purnell en 2009 examinó el microdesgaste de dientes de Edmontosaurus. Encontró patrones organizados que apoyaban movimientos mandibulares complejos. El interés del procedimiento está en utilizar una huella física repetida para contrastar reconstrucciones mecánicas. No permite ver directamente al animal comiendo, pero reduce las posibilidades compatibles con los fósiles.
Llamar «masticación» a ese procesamiento no obliga a imaginar movimientos idénticos a los de los mamíferos. La mandíbula, las articulaciones y la disposición dental eran diferentes. Dos grupos pueden resolver un problema parecido mediante mecanismos distintos. Para un herbívoro, reducir el tamaño de las partículas antes de tragarlas cambia las condiciones en las que el aparato digestivo puede aprovecharlas.
Una dieta menos uniforme de lo esperado
La anatomía de los hadrosaurios indica una alimentación predominantemente vegetal. Eso no significa que cada individuo consumiera siempre los mismos recursos ni que todo material ingerido fuera una hoja verde. La vegetación cambia con la estación y con la edad de la planta. También existen alimentos accesibles en troncos degradados o cerca del suelo que dejan señales fósiles muy distintas.
Chin y colaboradores describieron en 2017 coprolitos, excrementos fosilizados, con madera descompuesta y fragmentos de crustáceos. Los atribuyeron a grandes dinosaurios herbívoros, probablemente hadrosáuridos, del cretácico tardío de Utah. La identificación del productor no equivale a haber encontrado el esqueleto del animal mientras defecaba: se trata de una inferencia apoyada en el contexto y en las características del material.
El hallazgo muestra que las categorías alimentarias son aproximaciones útiles, no menús invariables. También obliga a separar el dato de la explicación. La presencia de determinados restos puede estar documentada; el motivo de su ingestión exige más interpretación. Atribuirla a necesidades reproductivas concretas es una hipótesis y no una conducta observada directamente.
Caminar sobre dos patas o sobre cuatro
Los hadrosaurios tenían patas traseras potentes y extremidades anteriores más cortas, pero capaces de participar en el apoyo. La anatomía y las huellas indican que podían utilizar posturas bípedas y cuadrúpedas. Cuándo preferían cada una dependía probablemente de la actividad y del animal. No existe una regla demostrada según la cual todos caminaran siempre de una manera y corrieran de otra.
Las manos tampoco eran manos humanas con dedos abiertos hacia el suelo. Su estructura estaba adaptada para sostener carga. Al reconstruirlas hay que combinar huesos con información sobre las cubiertas blandas y la superficie de contacto. Una articulación mal orientada puede producir una imagen convincente para quien la mira y poco plausible desde el punto de vista mecánico.
La cola contribuía a la organización corporal y no era un apéndice destinado a arrastrarse continuamente. En las reconstrucciones actuales suele mantenerse separada del suelo durante la marcha. Eso no autoriza a fijar una velocidad universal para la familia: la longitud de las patas, la masa y la edad condicionan las posibilidades de movimiento.
Crestas visibles y conductos interiores
La cresta de Parasaurolophus no era un cuerno macizo. Contenía conductos relacionados con las vías nasales. Esa anatomía ha llevado a investigar posibles funciones acústicas, además de su evidente capacidad para modificar la silueta de la cabeza. El aire que circula por un conducto puede producir efectos distintos según su longitud y forma.
Los modelos físicos o digitales permiten explorar frecuencias posibles, pero no recuperar una grabación del pasado. Para reconstruir una vocalización también haría falta conocer tejidos blandos, el origen del sonido y cómo lo controlaba el animal. Por eso las llamadas que escuchas en una animación son interpretaciones, aunque se apoyen en parte de la anatomía fósil.
Las crestas también cambiaban con el crecimiento. Diferencias entre dos ejemplares pueden reflejar edad y no necesariamente sexo o especie. Del mismo modo, una cabeza sin una gran cresta ósea no tenía por qué carecer de estructuras blandas llamativas. El esqueleto delimita muchas posibilidades, pero no conserva automáticamente todo lo que otro animal habría visto.
Agruparse no significaba vivir todos igual
Algunos yacimientos contienen numerosos hadrosaurios y ciertas superficies conservan recorridos compatibles con desplazamientos en grupo. Son indicios importantes de gregarismo, la tendencia a reunirse. Sin embargo, las características sociales de una especie no se deducen automáticamente de las de otra. Una concentración estacional y una agrupación permanente constituyen comportamientos distintos.
El yacimiento de Ruth Mason, estudiado por Wosik y Evans en 2022, permite combinar crecimiento óseo y tafonomía para investigar la composición de una acumulación de Edmontosaurus annectens. Este tipo de trabajo pregunta qué edades están representadas y si la muerte y el transporte alteraron la muestra. La ausencia de ejemplares muy pequeños puede tener una explicación biológica o una explicación de conservación.
Para distinguirlas hay que estudiar también el tamaño de los fragmentos, su dispersión y el modo en que quedaron enterrados. Los huesos juveniles pueden destruirse con mayor facilidad o pasar desapercibidos durante una excavación. La estructura social de un grupo empieza a comprenderse mejor cuando se investiga qué restos faltan y por qué faltan, además de describir los que se han recuperado.
Fuentes y lecturas
- Natural History Museum. Parasaurolophus (sin fecha indicada; consulta: 15/10/2026).
- Bramble, K. y colaboradores. Evidencias histológicas de una batería dental dinámica en los hadrosáuridos (2017).
- Williams, V. S.; Barrett, P. M.; Purnell, M. A.. Análisis cuantitativo del microdesgaste dental de los hadrosáuridos y sus implicaciones para la alimentación (2009).
- Chin, K.; Feldmann, R. M.; Tashman, J. N.. Consumo de crustáceos por dinosaurios megaherbívoros: flexibilidad alimentaria y estrategias vitales (2017).
- Wosik, M.; Evans, D. C.. Historia vital, osteohistología y tafonomía de Edmontosaurus annectens en la cantera Ruth Mason (2022).
- Natural History Museum. Los dinosaurios herbívoros desarrollaron dientes de reemplazo para consumir alimento resistente (2024).
Índice general del reportaje Dinosaurios
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