No, Rusia no va a atacar a la OTAN

MundoNo, Rusia no va a atacar a la OTAN

He escuchado más de mil veces que Rusia iba a invadir Europa de forma inminente en este mes de septiembre. Cualquiera que  lea un poco sobre política internacional ha escuchado opiniones de todo tipo sobre este tema pero creo que se merece un análisis un poco más sosegado de lo que permiten los ciento cuarenta o doscientos ochenta caracteres de Twitter.

Hasta ahora nadie pensaba que Rusia fuese a atacar al resto de Europa porque todos la vemos muy ocupada en su asuntillo en Ucrania. Viendo a los soldados atacar a pie y la falta absoluta de medios aéreos o navales, nadie pensaría que Vladimir Putin y sus cuarenta oligarcas se plantean enfrentarse a la OTAN en su conjunto o a cualquiera de las potencias europeas.

Lo que sí se está produciendo es una escalada de sabotajes y guerra híbrida en suelo europeo que posiblemente, con toda seguridad esta promovido por Rusia y que se plantea en casos tan llamativos como el ataque con un dron explosivo contra un aeropuerto alemán donde había estacionados aviones ucranianos, los vuelos no autorizados de aviones rusos en espacio de la OTAN, la entrada accidentada de drones rusos en países europeos o la que conocemos desde hace unos días del ataque incendiario contra instalaciones de una empresa de robótica militar en Estonia en el pasado mes de agosto y ejecutado por ciudadanos letones contratados por agentes rusos.

Todo esto lo que indudablemente produce es un aumento de la alarma informativa. Los periodistas están encantados de con el aumento de tensión porque las noticias espectaculares se traducen en un aumento automático de las audiencias. Por eso hemos visto titulares sobre una invasión inminente a los países bálticos y especialmente al enclave de Narva en Estonia. Esta ciudad que está donde Cristo perdió el pañuelo, al norte del norte, es una pequeña ciudad fronteriza de unos 50.000 habitantes que tiene un 80% de ciudadanos de origen ruso y rusoparlantes pero que, en su inmensa mayoría, no son tontos y saben perfectamente que pueden vivir mucho mejor en un país europeo que si vuelven al nivel de vida ruso tras ser conquistados. La conquista de Narva mediante hombrecillos verdes que apareciesen de la nada tomando instalaciones básicas, edificios gubernamentales y cortando las carreteras sería una apuesta muy arriesgada porque, al igual que le ha pasado en Ucrania, Rusia puede que no esté calculando bien la respuesta y es dudoso que, visto el éxito obtenido hasta ahora, desde el Kremlin decidan abrir otro frente que saben cómo empezar pero no tienen ni idea de cómo podría terminar.

Lo mismo pasa con las advertencias de los servicios de inteligencia y en especial con la que nos toca a nosotros los españoles, según la cual existiría un plan de los servicios secretos son rusos para lanzar drones contra España, Italia o Francia desde petroleros de la frota en la sombra que tienen en el Mediterráneo. Por supuesto que los rusos no son tan estúpidos como para ganarse enemigos directos en estos países pero saben perfectamente que lo importante no es llegar a lanzar esos drones sino la psicosis que produce en los posibles países atacados la mera posibilidad de que esos ataques llegasen a producirse.

Y aquí es donde está el meollo de la cuestión. ¿Existe una amenaza real de incursión militar contra la OTAN o se trata de una estrategia de desinformación e intimidación encaminada a frenar el envío de armas a Ucrania?

El discurso del miedo

Quién es ya peinamos canas recordamos perfectamente a Andréi Gromyko, el antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, haciendo propuestas absolutamente irracionales y negándose a aceptar o vetando cualquier propuesta occidental Era una táctica que conocen bien todas las dictaduras y que saben que les permite obtener ganancias diplomáticas cuando se enfrentan a democracias, entre las cuales siempre aparece algún idiota dispuesto a hacer concesiones de aquellas que al final se acaban convirtiendo en deshonor y en guerra. No en vano Gromyko era conocido como Mister Niet, el Señor No y los herederos políticos de aquel KGB, el actual FSB de donde ve procede Vladimir Putin, mantienen una táctica similar de guerra cognitiva contra Occidente.

Si se analiza el asunto de la posible invasión de Finlandia y Estonia, la narrativa dominante en redes sociales dice que Rusia podría desplegar una enorme fuerza y que de hecho está creando unas bases militares con unas capacidades increíbles para desplazar tropas, lo mismo que hizo antes de la invasión de Ucrania. La realidad es que no tienen dinero y se limitan a hacer unas infraestructuras mínimas y llevar mucha prensa que alimente a su inmensa red de bots y trolls en internet para que en Occidente se piense que se trata de una posibilidad real. Cualquier análisis mínimamente serio permite comprobar que allí no hay nada, apenas una rotación rápida de personal para su entrenamiento y posterior de envío de efectivos al frente ucraniano.

Lo mismo ocurre con el mítico corredor de Suwalki y la isla de Gotland. Según la narrativa de los prorrusos, Vladimir Putin podría ordenar en cualquier momento la ocupación de una franja entre Rusia y el enclave de Kaliningrado y saltar a la isla sueca de Gotland de manera que los tres estados bálticos que antes pertenecieron a la Unión soviética, Lituania, Letonia y Estonia quedarían aislados y serían víctima fácil del poderoso y muy mecanizado ejército ruso. La realidad es que en el enclave de Kaliningrado apenas quedan defensas rusas porque cualquier unidad en estado mínimamente operativo ha sido desplazado hasta Ucrania y ocupar ese corredor supondría tomar terreno polaco. En Polonia están deseando que pase eso para darle un sartenazo a los rusos que les quite las ganas de molestar durante los próximos trescientos años. Los polacos están gastando cantidades ingentes de dinero en armamento y ahora mismo están en condiciones de arrasar al ejército ruso que está en unos niveles de precariedad difícilmente imaginables. Por supuesto, un asalto anfibio a la isla de Gotland es un poco mas que un sueño húmedo del Coronel Baños y su rehala de prorrusos porque implicaría el uso de unas capacidades que, lisa y llanamente, Rusia no tiene.

Por último, la misma narrativa vuelve a aparecer otra vez en el caso de Narva como hemos visto al principio pero basta simplemente con escuchar a la población rusa de Estonia para entender que no tienen ninguna gana de abandonar los estándares de vida europeos y volver a la miseria rusa, mucho más cuando la guerra de Ucrania está rebajando el nivel de vida de la población rusa, del rusito de a pie, a niveles similares a los peores años de la Unión Soviética y todo eso lo pueden comprobar simplemente cruzando la frontera a cien metros o contactando con sus familiares en territorio ruso.

La máquina de la denegación

Lo que estamos viendo, no es más que un caso más de aplicación de la máquina rusa de denegación y retraso que consiste en manipular a las opiniones públicas de los países occidentales para que la parálisis política les impida tomar decisiones contrarias a los intereses rusos.

En el caso de Ucrania tenemos un ejemplo clarísimo con los sistemas de defensa aérea: ahora mismo Rusia está machacando todas las infraestructuras civiles ucranianas mediante el uso de drones y misiles balísticos y Ucrania solicita desesperadamente sistemas de defensa aérea para frenar esa campaña. Inmediatamente aparecen incursiones de drones rusos en Rumanía, Polonia e informes alarmistas conveniente filtrados por supuestos servicios de inteligencia al periódico español El Mundo (de esa noticia es la infografía que ilustra este artículo) que dicen que esos ataques aéreos se podrían también producir en España, Francia o Italia, precisamente los países que podrían estar en condiciones de ceder esos sistemas antiaéreos a Ucrania pero que ahora ante la posibilidad, remotísima como ya sabemos, de que esos ataques se produzcan en su propio territorio, deciden no ceder esos sistemas a Ucrania por si los ataques rusos llegasen a producirse. Es decir a Rusia no le interesa atacar sino crear un estado de opinión en las potencias rivales que les impida tomar decisiones contrarias a los intereses rusos.

Que el periódico español El Mundo ha caído en la trampa es absolutamente evidente y si se pudiera tirar del hilo veríamos que el otro extremo está en la Plaza Lubianka, en pleno centro de Moscú, antigua sede del KGB soviético que ahora ocupa el FSB ruso, el mismo perro con distinto collar. Allí se estarán tronchando con el montaje que habrán hecho para que los periodistas españoles se traguen que han sido contactados por la CIA y cómo de bien les ha salido la jugada.

¿Es una victoria rusa en el campo de la guerra cognitiva? Sin duda. El que su ejército se mueva en furgonetas de los noventa y mande a morir a soldados con muletas, no impide que en este campo nos den sopas con honda y se aprovechen de que las democracias occidentales son propensas a poner a discapacitados intelectuales asustadizos al frente de sus gobiernos.

¿Hay que tomarse en serio a Rusia?

Por supuesto.

Tomarse en serio a Rusia significa saber valorar los riesgos reales que supone ignorarla y valorar las ventajas que supone ayudar a quienes lo necesitan frente a la brutalidad de su decadente imperio. Tan cierto es que los rusos son buenísimos en guerra cognitiva como que los misiles Meteor disparados desde Gripen acabarían con la única baza que todavía tienen en el frente terrestre, que son las bombas planeadoras, las famosas KAB y que toca ponerse las pilas o que hay que ayudarles a desarrollar misiles balísticos que alcancen Alabuga. Ahí lo dejo.

Lo que estamos viendo en Ucrania es un ejército ruso en la más absoluta ruina que se ha quedado sin un solo tanque moderno, que utiliza bombarderos fabricados en los años ochenta y cuyo único recurso es fabricar drones baratos inspirados en países del tercer mundo para provocar destrucción aleatoria en el enemigo pero que es incapaz de moverse en el campo de batalla porque ya no tiene vehículos, sus barcos no están operativos y sus aviones están sujetos a un desgaste que casi permite deducir que a este ritmo en tres o cuatro años el número de aviones operativos de las fuerzas aéreas rusas será cero.

Así que Rusia no va a atacar a la OTAN porque simplemente no puede, pero va a poner todo su empeño en que los países de la OTAN estén convencidos de que pueden ser atacados por Rusia.

Últimos posts

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

 

Artículos más vistos

Horóscopo diario
Menú diario