Si pudieras contemplar la Tierra al comienzo del cretácico, reconocerías algunos grandes bloques continentales pero te costaría situar las costas. El Atlántico era mucho más estrecho, Europa tenía una geografía fragmentada y amplias regiones que hoy forman desiertos albergaban ríos y vegetación. Sobre ese escenario vivieron dinosaurios muy distintos de los que dominarían los últimos millones de años del periodo. Todavía faltaba mucho para los paisajes de Triceratops y Tyrannosaurus rex.
El cretácico temprano fue una etapa prolongada, con cambios que no sucedieron a la vez en todas partes. La separación de los continentes modificó las posibilidades de dispersión de los animales. El clima alternó condiciones diferentes y las plantas con flores comenzaron a ampliar su presencia. Para entender esa diversificación conviene observar el escenario completo: las rocas que conservaron los restos, los alimentos disponibles y las barreras que podían separar poblaciones durante miles de generaciones.
Un intervalo de más de cuarenta millones de años
La tabla de la Comisión Internacional de Estratigrafía sitúa el comienzo del cretácico aproximadamente en 143,1 millones de años y el límite entre su parte temprana y tardía en 100,5 millones. Son cifras sujetas a revisión conforme mejoran las dataciones. Algunas publicaciones antiguas utilizan 145 millones para el inicio del periodo. No debes interpretar esa diferencia como dos historias incompatibles: puede reflejar versiones distintas de la escala geológica.
El intervalo temprano comprende seis edades: berriasiense, valanginiense, hauteriviense, barremiense, aptiense y albiense. Sus nombres sirven para ordenar acontecimientos que quedarían demasiado mezclados bajo una sola etiqueta. Decir que dos dinosaurios son del cretácico temprano no demuestra que convivieran. Sus poblaciones pudieron estar separadas por millones de años, además de por océanos o cordilleras.
También resulta útil distinguir tiempo y roca. Cretácico temprano designa un intervalo temporal; Cretácico Inferior se utiliza para las rocas formadas durante él. En divulgación aparecen a menudo como expresiones equivalentes pero la distinción ayuda cuando lees una descripción geológica. El calendario se reconstruye combinando la posición de los estratos, sus fósiles y dataciones físicas. Ningún yacimiento contiene necesariamente un registro continuo de todo el intervalo.
Continentes que se separaban y caminos que desaparecían
La fragmentación de Pangea había comenzado antes. Durante el cretácico temprano continuaron abriéndose cuencas oceánicas y transformándose las conexiones entre grandes masas terrestres. África y Sudamérica fueron separándose de forma progresiva. El Atlántico meridional no apareció de golpe como una zanja completa: la ruptura avanzó por sectores y produjo situaciones geográficas diferentes según el momento.
Para un animal terrestre, una conexión estrecha podía permitir la expansión de sus descendientes. Si el mar ocupaba después ese paso, las poblaciones quedaban aisladas. A partir de entonces podían acumular diferencias sin intercambiar individuos. Ese proceso no exige que los animales emprendieran viajes continentales individuales. La ampliación de una distribución ocurre a lo largo de muchas generaciones, mediante desplazamientos locales repetidos.
Sin embargo, una separación geográfica no crea automáticamente una especie nueva. Influyen la duración del aislamiento, el tamaño de las poblaciones y las presiones ambientales. Tampoco basta con encontrar fósiles parecidos en dos continentes para dibujar un puente terrestre concreto. Pueden compartir un antepasado anterior a la separación. Para reconstruir una ruta hacen falta edades compatibles, relaciones de parentesco y una geografía que permita el desplazamiento propuesto.
Un planeta cálido con diferencias regionales
La imagen de un mundo uniformemente tropical resulta cómoda pero engañosa. El clima depende de la latitud, la altitud, la distancia al mar y la circulación atmosférica. En un mismo planeta pueden coexistir zonas húmedas, interiores secos y regiones con inviernos fríos. Además, cuarenta millones de años permiten oscilaciones demasiado grandes para resumirlas en una temperatura constante.
Un estudio de Romain Amiot y colaboradores publicado en 2011 utilizó isótopos de oxígeno de restos de vertebrados asiáticos para investigar estas diferencias. Los isótopos son variantes de un elemento con distinta masa. Su proporción en los tejidos mineralizados puede guardar información sobre el agua y las condiciones ambientales. Los resultados apoyaron condiciones relativamente frías en parte de Asia oriental durante ciertos intervalos del cretácico temprano.
Esta clase de análisis necesita controles. La química de un hueso puede modificarse durante la fosilización y un animal no incorpora el agua igual que otro. Por eso se comparan materiales, grupos y localidades. La interpretación climática gana fuerza cuando coincide con otras pruebas. La presencia de plumas en dinosaurios de esas regiones encaja con una función aislante pero no permite calcular por sí sola la temperatura del aire ni demostrar que esa fuera su única utilidad.
Bosques antiguos y plantas que empezaban a expandirse
Muchos paisajes continuaban dominados por coníferas y otras plantas sin flores. Los helechos ocupaban distintos ambientes y los equisetos podían crecer en lugares húmedos. No eran bosques modernos a los que únicamente faltasen personas. La composición vegetal, las formas de reproducción y las relaciones entre organismos habían seguido una historia diferente.
Las angiospermas, las plantas que producen flores y mantienen sus semillas encerradas en frutos, aumentaron su presencia durante el cretácico. Su expansión fue desigual. Que aparezcan restos de una planta en una localidad no significa que dominase el bosque entero. Una especie abundante junto a una laguna puede ser escasa a pocos kilómetros. Las hojas transportadas por un río tampoco representan necesariamente la vegetación que crecía justo donde terminaron enterradas.
Para los herbívoros importaban aspectos muy concretos: la altura del alimento, su dureza, la cantidad disponible y su variación estacional. Un saurópodo de cuello largo y un pequeño ornitisquio podían aprovechar recursos distintos sin que uno estuviera sustituyendo al otro. El paisaje ofrecía combinaciones de alimento y refugio. Las nuevas plantas añadían posibilidades pero no explican por sí solas toda la evolución de los dinosaurios.
Diversificación sin una carrera hacia la perfección
En distintos continentes prosperaron iguanodontios, dinosaurios acorazados, pequeños ceratopsios y numerosos terópodos. Los saurópodos siguieron presentes. Esta diversidad no debe imaginarse como una competición global en la que los grupos más modernos eliminaban inmediatamente a los anteriores. Una adaptación puede resultar ventajosa en un ambiente y tener costes en otro.
Un cuerpo grande ofrece ciertas defensas pero necesita mucho alimento. Un tamaño pequeño facilita aprovechar refugios pero limita las presas o las plantas accesibles. Las modificaciones de dientes, extremidades o cobertura corporal forman parte de compromisos funcionales. La selección actúa sobre animales completos que deben alimentarse, crecer y reproducirse, no sobre una lista de atributos independientes.
La diversidad que contamos también depende del registro disponible. Una región con sedimentos abundantes y campañas de excavación prolongadas puede proporcionar muchos más nombres que otra mal estudiada. Para evaluar una expansión evolutiva se intenta corregir ese desequilibrio. Los análisis de la llamada revolución terrestre del cretácico han insistido en separar cambios biológicos reales de cambios en nuestra capacidad para encontrarlos. Más especies descritas no equivalen automáticamente a más especies viviendo en aquel momento.
Reconstruir un paisaje a partir de indicios separados
Un estrato con grietas de desecación indica que un sedimento húmedo llegó a secarse. Un canal relleno de arena permite estudiar una corriente antigua. El polen y las esporas aportan información vegetal incluso cuando no aparecen troncos. Las huellas muestran el paso de animales que quizá no dejaron un solo hueso en ese lugar. Cada evidencia responde a preguntas diferentes.
Conviene prestar atención a la escala. Un conjunto de huesos puede reunir cadáveres transportados desde varios ambientes. Una superficie con pisadas conserva un intervalo mucho más breve pero su duración exacta puede desconocerse. Una reconstrucción que coloca todos esos animales juntos a la misma hora añade una escena plausible, no una observación directa.
La posición de cada hallazgo permite comprobar esas asociaciones. Si se registra qué fósil apareció en cada capa, cómo estaba orientado y qué sedimento lo rodeaba, otros investigadores pueden revisar la interpretación. Un diente aislado con una procedencia precisa puede resultar más informativo que un esqueleto espectacular cuyo origen se haya perdido. En la reconstrucción del cretácico temprano, el paisaje empieza a recuperarse antes de que el fósil salga de la roca.
Fuentes y lecturas
- Comisión Internacional de Estratigrafía. International Chronostratigraphic Chart (sin fecha indicada).
- Geological Society of London. The Cretaceous world: plate tectonics, palaeogeography and palaeoclimate (2024).
- Romain Amiot y colaboradores. Oxygen isotopes of East Asian dinosaurs reveal exceptionally cold Early Cretaceous climates (2011).
- Clément Coiffard y colaboradores. Rise to dominance of angiosperm pioneers in European Cretaceous environments (2012).
- Graeme T. Lloyd y colaboradores. Dinosaurs and the Cretaceous Terrestrial Revolution (2008).
- Natural History Museum. Beyond Jurassic World: what we really know about dinosaurs and how (sin fecha indicada).
Fuentes consultadas el 14 de octubre de 2026.
Índice general de Dinosaurios | Siguiente: Plantas con flores y su impacto en los dinosaurios








