La calabaza asada aporta dulzor y temperatura, mientras los canónigos mantienen el conjunto ligero y fresco. El queso de cabra añade una nota cremosa y las pipas completan la ensalada con un crujiente discreto. Es una combinación especialmente cómoda para quien busca un primer plato de otoño sin una elaboración complicada.
Conviene no mezclarlo todo recién salido del horno. La calabaza debe perder el calor intenso antes de acercarse a los canónigos y al queso. Ese pequeño intervalo permite que las hojas sigan enteras y que el queso aparezca en trozos, en lugar de convertirse en una salsa sobre el fondo de la fuente.
Ingredientes que dan carácter al plato
Los canónigos se reconocen por sus pequeñas hojas redondeadas agrupadas en rosetas. Elige una bolsa sin hojas aplastadas ni líquido en el fondo. Son delicados y agradecen que se manipulen poco. La calabaza de cacahuete da dados bastante regulares y resulta práctica cuando quieres un asado uniforme.
Utiliza un rulo de queso de cabra sin corteza, preferiblemente de leche pasteurizada, que pueda partirse en trozos. No hace falta gratinarlo: interesa su textura fresca. Las pipas de calabaza deben estar peladas y sin sal; con un tostado breve aportarán aroma. El vinagre de manzana compensa el dulzor sin oscurecer demasiado el plato.
Curiosidades de sus ingredientes
Aunque se colocan junto a las lechugas en el supermercado, los canónigos pertenecen a otra planta: Valerianella locusta. La Royal Horticultural Society describe sus hojas comestibles dispuestas en roseta y recoge nombres como lamb’s lettuce y mache. Esa forma de crecer explica los pequeños grupos de hojas que llegan a la ensaladera.
Conservar esas rosetas tiene una ventaja culinaria: aportan volumen sin necesidad de amontonar mucha cantidad. No es necesario picarlas como una col. La RHS también incluye los canónigos entre las hojas de ensalada de sabor suave, un carácter que aquí permite acompañar al queso de cabra sin sumar otro ingrediente intenso.
Cómo preparar ensalada de canónigos, calabaza y queso de cabra con pipas de calabaza
Cuatro raciones de entrante generoso. Dificultad: fácil. Preparación activa: 20 minutos. Horneado: 30 minutos aproximadamente. Templado: 10 minutos. Tostado de pipas: 3 minutos, durante el horneado. Tiempo total aproximado: 55 minutos.
Ingredientes para cuatro personas
- 650 g de calabaza cruda limpia, sin piel ni semillas.
- 150 g de canónigos limpios.
- 160 g de queso de cabra en rulo sin corteza, preferiblemente pasteurizado.
- 35 g de pipas de calabaza peladas y sin sal.
- 45 ml de aceite de oliva virgen extra: 20 ml para asar y 25 ml para aliñar.
- 20 ml de vinagre de manzana.
- 2,5 g de sal fina: 1,5 g para la calabaza y hasta 1 g para el aliño.
- 0,3 g de pimienta negra molida.
Sustituciones y ajustes
Puedes utilizar otra calabaza firme manteniendo los 650 g limpios y ajustando el asado a su dureza. Si las pipas ya están tostadas sin sal, emplea la misma cantidad y omite la sartén. Un queso fresco de cabra bien escurrido sirve como adaptación, pero será menos intenso y más húmedo que el rulo.
Preparación paso a paso
- Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo, sin ventilador. Corta la calabaza limpia en dados de unos 2,5 cm. Utiliza una tabla estable y un cuchillo que permita cortar sin tener que forzar la muñeca.
- Mezcla los dados con 20 ml de aceite, 1,5 g de sal y la pimienta. Reparte en una bandeja amplia en una sola capa. No añadas agua: interesa que los bordes se doren.
- Asa a media altura durante unos 30 minutos, girando los dados a los 18-20 minutos. Comprueba que el centro esté tierno al pincharlo y que algunas caras tengan color tostado. Si necesita más tiempo, prolonga en intervalos de 5 minutos.
- Durante el asado, tuesta las pipas en una sartén sin aceite a fuego medio durante 2-3 minutos. Muévelas continuamente y retíralas cuando desprendan aroma y algunas se hinchen. Déjalas enfriar en un plato, fuera de la sartén caliente.
- Prepara los canónigos siguiendo el envase. Si requieren lavado, hazlo bajo agua corriente con suavidad y sécalos sin aplastar las rosetas. Desmenuza el queso frío en trozos de 1-2 cm y mantenlo en el frigorífico mientras termina el asado.
- Saca la calabaza y deja que pierda el calor intenso durante unos 10 minutos. Bate los 25 ml restantes de aceite con el vinagre y hasta 1 g de sal, probando primero el queso para ajustar.
- Aliña los canónigos con la mitad de la vinagreta y extiéndelos en una fuente. Añade la calabaza templada, reparte el queso y termina con las pipas ya frías. Distribuye el resto de la vinagreta con una cuchara y sirve.
El detalle que conviene cuidar
El queso debe salir del frigorífico al montarlo, no pasar todo el horneado junto a los fogones. Así se deja repartir mejor y conserva sus bordes. Si la calabaza resulta muy blanda, no la remuevas dentro de un cuenco: colócala con una espátula directamente sobre los canónigos. La presentación gana y evitas convertir la pulpa en una crema involuntaria.
Presentación y acompañamientos
Una fuente ancha permite colocar la calabaza sin aplastar las hojas. Reparte el queso en piezas pequeñas para que haya algo en cada ración y evita poner todas las pipas en el centro. Puedes acompañar con pan de centeno en rebanadas finas, cuyo sabor combina con la calabaza asada.
Como bebida, un agua con gas suave ofrece una opción sin alcohol que no añade dulzor. Si preparas la calabaza con antelación, enfríala con rapidez y refrigérala en un recipiente poco profundo. Conserva los demás componentes por separado. La ensalada también puede servirse fría, siempre que las hojas y las pipas se incorporen al final.








